Trascendentales Quibutsianas Tradicionales

Donde Yo Termino y Tú Empiezas

Kibb

>>La Nariz...

Enviado por Kibb el 24/10/2007 a las 11:44
Quizá sea bueno sentarse y ponerse a escribir sin pensar en cómo se ve, porque con esa mentalidad lo único que se logra es dar a conocer la falta, la ausencia, la lejanía, el hueco, ese espacio vacío, esa cuestión, se entiende.
Escribo poco y mal porque tengo demasiadas ideas y pocas palabras... Incomunicabilidad, desconexión insalvable, divorcio entre mente y corazón, cabeza en otra parte, desatención, cuadernos desordenados en la pieza, etc.
Cosas que se quieren decir pero que no valen la pena, quizá sí en una novela de esas chantas y lateras que se pierden en blablablería, pero no aquí y ahora, con tantas cosas que estudiar y con tanto calor y tantos colores en el cielo, y tantas acacias y lomatias y notofaghaceas, etc.
Por ejemplo: voy por la calle y me llama la atención una planta que creo haber visto recién en el libro, pero soy demasiado respetuoso y me cuesta un montón atreverme a sacar una muestra, no es nada malo, lo sé, pero qué pasa si el dueño de casa se enoja, qué lata ingresar en la atmósfera de ese diálogo tan molesto, a esa nube negra de las explicaciones, mire yo hago esto porque esto otro, esto significa que porque luego eso, etc. No, qué lata, prefiero no sacar la ramilla y punto, qué importa si es una jaracandá o como sea que se llame...
Otro ejemplo: todo lo relacionado y que tiene que ver con ella...
Otro más: estuve harto rato pensando en asociar la parroquia a una figura femenina, llamarla ella, para hablar de ella..., porque no hay otra figura mental que se acomode más a mí, a mi manera de ver y de oler, de oir y maldecir y juzgar y recordar.
Ejemplo significativo: no sé cuándo llegará el bendito día en que pueda libremente hablar y decir lo que en verdad pienso de todo esto, de ella, de ella-parroquia, de ese montón de olores, corazones, voces, miradas, malos ratos, gratos recuerdos, etc. Ella que... (iba a decir algo como me gusta pero me cae mal, pero no es eso, qué lástima, sonaba bien.)
Ejemplo inútil: pensar en todo lo que hago sin querer hacerlo y a cambio de ninguna satisfacción, ni plata siquiera; y luego ver la posibilidad de usar esa capacidad para hacer alguna de esas cosas que llaman necesarias, heróicas, de santo, de buen hombre, de tipo que tiene una estatua en la plaza o en el templo, o del que tiene un libro en la biblioteca o cualquier librería de esas de por ahí...
A estas alturas de la vida me gustaría que supieras que no soy una buena persona, que no me gusta hacer nada de lo que hay que hacer, que no me gusta apretar el tubo de dentrífico desde abajo, como dice aquél, que le tengo un miedo terrible a la condenación, a la insignificancia, al sinsentido, al noseparaquetodaestamierda, porque anhelo, claro que anhelo, por supuesto que tiendo a, que procuro aquello, que deseo todo lo que me falta, pero no, no entiendo nada, no sé porqué, no hago lo que hago porque hay algo allá o acá. Por eso voy a misa, ¿entiendes? Y por eso me duele tanto que todo sea tan así, tan feo, tan pánico y vómito, tan yo sentado con mala cara y escuchando y no recibiendo, tan yo soportando y no orando; allá hay respuestas, detrás de esa hostia hay respuestas útiles, ¿cachai?, y lo que encuentro es... puras leseras, con todo respeto.
Ya, pero algún día hablaremos de eso, ahora no, porque estaba mirando y la nariz...la Kate, y la Rachel, y la otra niña... Hay algo en la nariz, sí, algo. Y estoy seguro de que ese algo es parte de ese otro algo que es parte del gran Algo, rayos, y eso sí que es importante.
Siento miedo de mí cuando me veo tranquilo, cuando sonrío a pesar de, cuando se me ocurre una buena broma, pues sé que en ese momento pierdo el respeto, me viene al alma ese gustito negro, ese relajo, esa satisfacción, esas ganas que me faltan para todo lo demás. Supongo que es algo parecido a lo que siente el futbolista que le pega un combo al árbitro, no hay ejemplo más claro. Claro que en mi caso el árbitro son varias personas, contadas, pero varias, más de diez.
Aprovecho de decir que no me gusta la gente buena, que alguien me atrae de verdad sólo cuando veo algo oscuro, o algo fuera de lugar; que no le caiga bien alguien, que su enojo dure más de diez segundos, que diga mal una palabra, que coma con la boca abierta... De qué estamos hablando... La verdad me distraje mucho buscando ese algo en la Kate. Se me fue la idea. Además no sé de qué me preocupo si la gente buena no existe. La gente linda sí, la adorable sí, pero la gente buena no (al menos no según mi manera de..., etc.).
Me voy a acostar.
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