"He perdido el rumbo", digo cada cierto tiempo, dando a entender, falsamente, que en tenía un rumbo. Es decir, llegado cierto punto, me doy cuenta que tenía algo y que lo he perdido. Falso. Es sólo justificación del pasado, caridad para con lo que era. Prenderle velas a alguien simplemente porque está muerto.
"Oh, José Manuel de ayer, ¡eras tan bueno!" Sí, obvio. No eres el de hoy, así que se te perdona todo... ¡bendito seas!
Expertos señalan lo simple del asunto: la adquisición de perspectiva. Si miras desde un cerro la capitale, podrás decir qué tan ordenada es. Si miras desde ahora tu pasado, verás su lógica, entenderás el rumbo que trasaste. Jodidos expertos.
Ergo, mientras vivas en el presente, no tendrás rumbo. El rumbo se pierde a cada instante tal como un pincel pierde su pintura.
PINCEL: "Oh potestades, socorredme, he extraviado la pintura impregnándola en ese lienzo"
ANTAGONISTA SABIO: "¿Y qué es esa sustancia colorida que tienen tus pelos (?)?"
PINCEL: "No es nada, sólo es parte de mí, algún tipo de secreción (?). La pintura, la que realmente importa, está allá, en ese lienzo, y no puedo recuperarla, porque, ¡atended mi súplica, cielos!, la he perdido"
ANTAGONISTA: "Púdrete"
¿Por qué esa condescendencia con el pasado?

