Trascendentales Quibutsianas Tradicionales

Donde Yo Termino y Tú Empiezas

Kibb

Juegos.-

Enviado por Kibb el 30/12/2009 a las 23:04

El juego es muy simple. Se necesita un lápiz capaz de escribir en la piel y una mano (además de la que se ocupa para manejar el lápiz). Trazas dos líneas perpendiculares que se atraviesan (dibujas una cruz), dejando cuatro áreas más o menos iguales (no es tan sencillo dibujar en una mano, especialmente si es en la parte de arriba, no en la palma).

A continuación, y con aire solemnísimo, se pregunta cuáles son las iniciales del nombre de la persona que te gusta. [Pero antes era otra cosa, pero se me olvidó, qué pavo.] Yo dije H.M., obviamente, las niñas se maravillan cuando les acepto que me gusta Hanna Montanna (¿pero sus canciones?, sí, pero también ella, ¡oh!). Las inciales se escriben en una de las áreas. En la siguiente, se anota la edad del dueño de la mano dibujada. Veintitrés (en este punto conviene mentir restándose unos añitos), respondí. Se escribe con número, no con palabras. Después, en la última área [sí, se me olvidó una, creo que era la primera], se dibuja un corazón y, mientras se pinta, el dueño de la mano debe pedir un deseo. Intenté decirlo en voz alta, era algo como "que se caiga toda la iglesia y muramos todos", pero no me escucharon mucho. [Ya, ahora lo recuerdo o quizá lo inventé.] Antes, mucho antes de todo, se escribe en una de las áreas el nombre del dueño de la mano.

Entonces, para finalizar, se manifiesta el secreto maravilloso: tienes que hacerle el mismo juego a veintitrés personas y ¡se cumplirá tu deseo!

Despúes...

 

[...continuará...]

Etiquetas:
Kibb

Reglas de la Desconfianza.-

Enviado por Kibb el 29/12/2009 a las 15:00

Me sucede a menudo, siempre y cuando esté metido en algún libro, lo que se ha vuelto inesperadamente extraño desde algún tiempo hasta ahora, que desconfío mucho al pasar a otra página, porque siempre tengo la duda de que si no me estaré saltando una página, y claro, lo mejor de un libro de mil hojas (nunca he leído uno tan largo) puede estar en una vil página, y no quiero perderme lo único importante de algo.

Por eso, siempre miro y remiro y vuelvo a mirar el número de la página que dejo y me aseguro que sea justamente el antecesor del número indicado en la página que viene. El asunto es apocalíptico cuando la página siguiente no tiene numeración, situación frecuente cuando los números están en la parte superior y se omiten al comienzo de los capítulos. Entonces hay que mirar la página que sigue a la siguiente, y no sólo calcular el sucesor sino el sucesor más uno, y hacer un acto de fe enorme para aceptar que la página sin número corresponde ciertamente a ésa página sin número, y no a otra página sin número (justamente este libro tiene varios capítulos así que las páginas castradas de numeración abundan). No me basta sólo ver un punto final en la página anterior (puede ser sólo seguido), hay que desconfiar ciegamente de mi aceptación de ideas cerradas, especialemente cuando el libro juega a no cerrar las ideas.

Me ha pasado leer libros mal armados, mal encuadernados, haciendo aparecer la página cien después de la veinte, malos libros, libros malos, pero el problema no está en que la historia se desordene, sino que simplemente le falte algo, porque si una página cien está después del veinte, también es posible que llegue a estar la cincuenta después de la quinienta, y si pensamos que el final está en la doscienta, entonces la página quedó fuera del libro, en el más allá, detrás de todo, haciendo todo tan frágil, porque si un libro no entrega todo lo que tiene, ¿qué se puede esperar del resto del mundo?

Etiquetas: